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Canta Con Inteligencia: “Yo me rindo a Él”

Para el primer Canta con Inteligencia (y si no sabes de que se trata esta sección, puedes leer más acá) trabajaremos con una canción bastante sencilla, “Yo me rindo a Él“. Tiene varias versiones y la cantan muchos artistas diferentes, la que tocamos en la congregación va así:

Todo a Cristo yo me entrego,

con el fin de serle fiel.

Para siempre quiero amarle

y agradarle solo a Él.

/Yo me rindo a Él/

Todo a Cristo yo me entrego,

quiero serle fiel.

La canción es concreta, transmite una idea muy clara. Quiero serle fiel a Dios (y eso incluye amarle y agradarle) y para ello me entrego a Él.

TODO A CRISTO YO ME ENTREGO, CON EL FIN DE SERLE FIEL.

 

Nótese que escribí “para ello me entrego a Él” y que la canción dice “me entrego, con el fin de serle fiel”.

Hay una diferencia entre decir el “por qué” de algo y el “para qué”.

Déjenme intentar ponerlo un poco más claro.

Si yo digo: “Voy a la tienda por que no hay huevos” estoy indicando la causa por la cuál tengo que ir a la tienda. Sin embargo, si digo “Voy a la tienda para comprar huevos” estoy indicando el objetivo de mi acción.

Entonces esta canción dice que me entrego a Cristo PARA serle fiel. No se puede serle fiel a Dios sin entregarse a Él, así como no puedo comprar huevos sin ir a la tienda.

A veces pensamos “quiero ser buen cristiano, servir, ser santo y todo eso… ¿qué tengo que hacer?” Y luego vemos todas las reglas que según nosotros tenemos que cumplir: no decir mentiras, no robar, no chismear, no tener sexo fuera del matrimonio, ser respetuosos, no fumar, no pensar cosas vanas… y lo intentamos. Y fallamos. Y nos frustramos.

No, no pienses que entregarte a Cristo es seguir una gran lista de reglas por que quieres ser fiel. Debes entregarte a Cristo PARA poder serle fiel.

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;

echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;

al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

10 Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.

11 A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

(1 Pedro 5:6-11)

 Esta batalla no es nuestra. Ya está ganada y no es nuestra. No se trata de lo mucho que te esfuerces ni de qué tanto sirvas ni de cuántas personas te pidan consejo. Se trata de que te humilles, te rindas y te entregues a Dios. Entrega tu orgullo, tu vergüenza, tu desánimo. Y así podrás serle fiel.

La próxima vez que cantes “Yo me rindo a Él” no pienses: “Señor, ya no vuelvo a ser grosero, no vuelvo a mentir o a ver cosas que no debo”. Piensa: “Señor, yo no puedo. Me rindo a ti por que Tú eres quien puede transformarme, y así te seré fiel.”